La reciente entrega de la evaluación PISA volvió a instalar en la agenda pública los retrocesos en Matemáticas y Lectura por debajo del promedio OCDE. Sin embargo, desde Pacto Niñez sabemos que el aprendizaje no ocurre en el vacío ni depende únicamente del trabajo en el aula. PISA no solo mide el rendimiento académico; también evalúa el contexto cotidiano en que se desarrollan las y los adolescentes: sus actitudes, sus vínculos y las condiciones del entorno que habitan.

El potencial de la niñez y la necesidad de más adultos disponibles

Los datos de contexto revelan una juventud con una motivación viva y un enorme deseo de salir adelante: un 75% manifiesta curiosidad por aprender y un 73% se esfuerza más frente a tareas complejas. Además, un 66% cuenta con una mentalidad de crecimiento, creyendo en su capacidad de superación si cuenta con el apoyo adecuado.

Para que este potencial se despliegue, se requiere presencia y contención cotidiana. Aunque un 86% de los estudiantes siente que sus profesores se interesan por su aprendizaje y un 81% recibe ayuda cuando la necesita, se observa una baja preocupación en el acompañamiento familiar: solo un 63% señala que en su hogar le preguntan al menos una vez a la semana qué hizo en la escuela (frente al 67% anterior), y apenas un 44% conversa en casa sobre sus dificultades. Estos resultados nos llaman a actuar hoy: poner el bienestar de niñas, niños y adolescentes en el centro exige fortalecer las redes y vínculos que los acompañan.

Entornos amables y corresponsabilidad: el bienestar es una tarea de todas y todos

Aprender también requiere sentirse seguro y protegido. Hoy, un 21% de los estudiantes sufre violencia o acoso escolar de forma recurrente y un 43% percibe tensiones en el clima de aula, lo que muestra a comunidades educativas sobreexigidas intentando sostener solas la convivencia y la salud mental. A esto se suman brechas de 76 puntos según el nivel de ingresos del hogar, aunque un 13% de estudiantes en contextos adversos logra un rendimiento sobresaliente, demostrando la resiliencia presente en las comunidades.

Frente a este escenario, los mismos adolescentes nos marcan el camino: un 83% cree firmemente que la acción colectiva puede resolver los problemas de su entorno.

Los resultados de PISA nos plantean una pregunta urgente como país: ¿qué condiciones estamos generando para que la niñez pueda crecer, aprender y desarrollarse plenamente?

El bienestar emocional, el buen trato y los entornos amables no son un complemento de la educación; son la base que la hace posible. Cuidar a las familias en la crianza, fortalecer el trabajo comunitario y acompañar a las escuelas desde los territorios es la única ruta hacia una protección integral y compartida. Cuidar a la niñez también es educar.

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